Muchos dueños no lo saben, pero los riñones de tu gato también dependen de una pancita sana.
Cuando su intestino está desequilibrado, las toxinas empiezan a circular más en su cuerpo y sus riñones trabajan el doble. Por eso tu gato puede tomar demasiada agua, comer poco, vomitar, bajar de peso o verse apagado.
El problema es que muchos probióticos comunes no funcionan bien, porque el ácido del estómago los destruye antes de llegar al intestino.
Por eso, aunque gastes en veterinarios, comidas especiales o tratamientos, tu gato puede seguir decayendo si no atacas la raíz del problema.